Sanfermines 2009 (Parte 2: Las corridas de toros)

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Las corridas de toros

Muchas veces he pensado que me gustaría que explotara una plaza de toros y, con ella, todo su público. Por cómplices de asesinos. Pero estando allí, con algún amigo que quería asistir a la corrida, me sentí obligado a ir. Además, de este modo mataba 3 pájaros de un tiro:

  1. Ver en directo la esencia de las fiestas de los Sanfermines
  2. Ver una corrida de toros, una buena opción para ver con mis propios ojos todo el proceso, fijarme en los detalles, saber hasta qué punto es una tortura y cómo disfruta la gente con ello, de ver qué ocurre cuando ya se ha matado al toro…
  3. Ver el ambiente dentro de la plaza. Gran parte del público estaba de espaldas a la plaza y saltaba y bailaba al son de unas canciones tocadas por las “charangas”, unos grupos orquestales situados alrededor de la plaza…

Así que, a regañadientes y habiéndome negado a ir poco antes, al final fui. Las entradas costaban 22 euros al sol y 28 euros a la sombra. Cogimos sombra porque sol ya estaba completo; fue una gran pena porque, además de ser más barato, el público que estaba cara al sol era el más animado. No paraban de beber vino tinto y tirárselo por encima con cubos de medio metro de diámetro, por lo que grandes zonas de público cambiaban de color (de ropas blancas a magentas, teñidas por el vino). Algunos traían banderas piratas y las charangas cantaban canciones como la chica ye ye:

Creo que las corridas son un fiel reflejo de los Sanfermines: a la gente le importa la fiesta, y los toros algunos ni los miran. Incluso cantaban canciones de grupos que denuncian la tauromaquia públicamente, como Ska-P.

Pensé que, si la gente ya se lo estaba pasando en grande, ¿por qué matar al toro? Pero mientras el público cantaba los picadores, encima de sus caballos, iban pinchando a los toros y atravesándoles unos 10 centí­metros de lanza encime de sus lomos. Varias veces. Luego venían los banderilleros y “adornaban” al toro con banderillas, que no son más que pequeñas lanzas que se quedan clavadas en la espalda del toro.

Encontré curioso ver que el público en general se quejara de que los picaderos “picaran” demasiado a los toros (es decir, les clavarán demasiadas puñaladas o demasiado fuertes). Al fin y al cabo, ¿no iban a matarlo? Pero no: ellos querían que el toro tuviera algo más de fuerzas para enfrentarse con el torero. Que la tortura durara más, que hubiera más riesgo para el torero. En cambio, sentían compasión con el torero y no querían que el toro lo pillara. Se alegraron cuando clavaban las espadas a cada uno de los 6 toros de la tarde, aunque no disfrutaban tanto cuando el toro empezaba a ceder y caer al suelo. En cambio, el ambiente volvía a mejorar cuando el matador venía con un cuchillo y se lo clavaba en la nuca, con el toro ya en el suelo, para asegurarse de su muerte. En tembleque final del toro demostraba que la muerte estaba asegurada, y el toro yacía con las patas erguidas paralelas al suelo, como si aún mantuvieran fuerza para no dejarse caer al suelo.

La gente quiere ver riesgo, quiere disfrutar viendo “a ver si el toro cornea al torero”. Puro espectáculo mórbido. Pero hay veces en que el toro se cansa, y no puede más. El toro ya no corre hacia la capa y se para. Entonces el público ya no disfruta: no hay riesgo. ¿Para qué matar al toro entonces? Si se deja morir, si resulta fácil matarlo, si al mismo toro le da igual morir y no se defiende. Incluso en esos casos, y fueron 3 esa tarde, el torero coge su espada y se la clava en la nuca. Sin toreo alguno, sin emoción, pura matanza, puro asesinato. Hay que matar el toro, pase lo que pase.

Los aplausos al final de cada asesinato (incluso de estos últimos) me hicieron despreciar a la especie humana. Me pareció que todo era un circo que había preparado el hombre para demostrar su superioridad ante los animales (he ahí la relación con la religión). Habían escogido al toro porque es el que ofrece mayor peligro (en España no hay leones), como para demostrar que si puede con él pueden con todos. Las capas rojas (o rosas según el caso) demostraban al público que el toro no es racional sino que se deja llevar por los colores, “no como nosotros”, y por ello no persiguen al torero sino a la capa. Puestos a verlo de este modo, me pareció muy cobarde por parte del torero el hecho de recibir al toro una vez ya le han clavado unas 10 banderillas, le han clavado 2 picadores y lo han cansado para que corra otros toreros. Luchar sin igualdad de condiciones no demuestra superioridad física ni mental. Ni siquiera demuestra superioridad moral; de hecho, matar a un animal es mucho peor que “cornear la capa”.


¿Dónde está la solución?

No creo que eso ayudara

De estos, sólo el último punto lo considero útil

La naturaleza humana está predispuesta a corromperse fácilmente, simplemente hay que educarla correctamente. No creo que el problema esté en el gran público, que asiste o no a las corridas; creo que el problema está más arriba, en las organizaciones que las hacen posibles y en la educación. Siempre habrá gente que participe de barbaridades si estas están disponibles. Siempre nos dicen: si todo el mundo estuviera concienciado… pero nunca es así; en ese caso, el comunismo de la Unión Soviética habría funcionado. El problema viene de arriba. Aquí tenemos unos cuantos ejemplos:

  • el problema no es el público de la plaza, es la corrida en sí
  • el problema no es la audiencia, son los programas de prensa rosa. ¡La gente mira lo que le echan, miran Discovery Channel si lo descubren!
  • el problema no son los religiosos, son las iglesias
  • el problema no son los fumadores, es el gobierno
  • el problema no son los que no reciclan, son los ayuntamientos
  • el problema no es la afición, es la excesiva importancia que se le da al fútbol


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